A pesar de vivir en un país con muchas horas de sol, el déficit de esta vitamina es uno de los más comunes, entre la población adulta.
Aunque la llamamos vitamina, la Vitamina D3 (colecalciferol), actúa en realidad como una hormona. Ésta, es la forma activa de dicha vitamina, y la más aprovechable por nuestro organismo.
Funciones de la Vitamina D3:
- Ayuda a fijar el calcio en los huesos y dientes.
- Mantiene el sistema inmune fuerte.
- Regula el estado de ánimo y la energía diaria.
- Cuida de nuestra salud muscular y ayuda a reducir la inflamación.
¿Por qué tenemos baja la Vitamina D3?
La principal fuente de Vitamina D3, no es la comida, es el sol. Nuestro cuerpo empieza a fabricar Vitamina D3, cuando los rayos UVB entran en contacto con la piel. Por lo tanto, las causas más comunes de este déficit son:
- Pasar demasiado tiempo en interiores, el estilo de vida actual que nos mantiene alejados del sol.
- El uso de protectores solares, que son necesarios para protegernos de los rayos solares, pero esos filtros bloquean la producción de Vitamina D3.
- La edad y el tipo de piel, la piel pierde capacidad para producir Vitamina D3, y las pieles más oscuras necesitan más tiempo de exposición solar, para producir la misma cantidad.
- Problemas digestivos, ciertos trastornos digestivos, tales como intolerancias, celiaquía o digestiones pesadas, hacen que se absorba peor la Vitamina D3, procedente de los alimentos.
¿Qué señales nos da el cuerpo, cuando está baja?
El déficit de Vitamina D3, no se detecta, a no ser que nos hagamos una analítica de sangre para comprobarlo. Sólo, cuando el déficit es muy acusado, podemos empezar a sentir señales, como:
- Fatiga crónica, cansancio continuo, sin causa aparente.
- Dolores en huesos y articulaciones, especialmente en la zona lumbar, piernas y caderas.
- Debilidad muscular, sentir las piernas pesadas, y notar menos fuerza, en tareas cotidianas.
- Defensas bajas, resfriarse a menudo, y tardar más de la cuenta en recuperarse del proceso.
- Estado de ánimo mermado o depresión estacional, ya que la carencia en Vitamina D3, también afecta en la producción de serotonina u hormona de la felicidad.
Si sospechamos que nuestros niveles de Vitamina D3, tal vez estén bajos, lo ideal es confirmarlo con unos análisis de sangre.
Una vez confirmado, podemos apostar por soluciones de trabajen a favor de la naturaleza.
Alimentación estratégica:
Introduce en tu dieta alimentos ricos en Vitamina D3:
- Pescado azul.
- Yema de huevo.
- Hongos y setas expuestos al sol, como el champiñón.
Cuando los niveles, son especialmente bajos, la dieta y el sol no suelen ser suficientes para remontar los niveles rápido. Es estos casos hay que recurrir a la suplementación. Muchos expertos, la recomiendan tomar mezclada con Vitamina K2, que favorece la asimilación de la Vitamina D3, y asegura que el calcio vaya directo a los huesos y no se acumule en las arterias.
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